La pipa

Pipa, viene del latín vulgar pipa, flautilla, a su vez derivada de pipare, piar. Es, según la definición de los diccionarios el utensi¬lio de uso común para fumar tabaco de hoja y otras hierbas.
Utilizaron ya pipas de barro, los legionarios romanos originarios de Oriente cercano y medio, y, más tarde, se sirvieron de ellas, con variedad de formas, los árabes y los habitantes de otros países musulmanes. Entre las variantes propias del Oriente, es de destacar la pipa turca y la pipa de agua. En la pipa persa, indostánica y turca, compuesta de un tubo largo flexible, la cazoleta (el antiguo coco), donde se quema el tabaco (u otras hierbas) y de un vaso a tarro de loza, cerámica o vidrio, lleno de agua perfumada, al través de la cual se aspira el humo.
La moderna difusión de la pipa en Europa se debió a los portugueses, que la importaron de América del Sur, continente de donde procede, el tabaco, y en el cual tenía una relativa generalización su uso. En realidad, a la circunstancia de ser América la patria del tabaco responde sólo en parte la riqueza en formas de pipas.

El rapé

Fuera del tabaco en rollo, de picar, para armar cigarrillos, la mayor forma de consumo del tabaco, especialmente entre las clases altas, haya sido la del polvo estornudatorio llamado rapé, el mismo que provocó excomuniones en Roma y severas penas legales en Europa desde el siglo XVI en adelante, el mismo que se convirtió en símbolo de elegancia, entre hombres, y aun entre mujeres, en la corte de Luis XIV, y que sirvió de pausa en las intrigas palaciegas, en la diplomacia tan rebuscada de los siglos XVII y XVIII y aún en las antesalas galantes del barroco y el rococó.
Se llama rapé al polvo de tabaco, algo más grueso y oscuro que el ordinario y elaborado con hojas cortadas algún tiempo después de maduras.
El sistema de preparación es el siguiente; a una adecuada mezcla de hojas de tabaco fuerte, maduras como se ha dicho, se le moja con agua salada, se corta groseramente y luego se deja fer¬mentar en grandes masas, por espacio de tres meses; durante este tiempo la temperatura de la masa de tabaco en fermentación llega a elevarse hasta 80°, se ennegrece y se le desarrolla un aroma especial. Estas masas se muelen luego de secas, en molinillos semejantes a los de moler café; mójase de nuevo el rapé y sufre entonces una segunda fermentación, esta vez amoniacal, en unas grandes cámaras cerradas, por espacio de nueve o diez meses, al cabo de los cuales se ha desarrollado totalmente el auténtico rapé.
El rapé se expendía en cajas de madera y, particularmente, en latas. El usuario lo fraccionaba y llevaba en una cajita con su tapa, llamada rapetera, generalmente de plata u oro, con esmaltes, pie¬dras, cinceladas, etc., según el gusto y riqueza del usuario.
Se tomaba una ración o pulgarada, entre el índice y la yema del pulgar que oficiaba como una cucharilla, y con esta última se introducía, rápida y sucesivamente, el polvo en las narices, lo que producía un casi inmediato efecto estornudatorio, asi como también excitante.

Los cigarros

La palabra cigarro parece derivada de cigarra, sea por su forma que recuerda la de estos insectos, sea porque en las plantaciones de tabaco se criaban éstos en abundancia. Cigarrales llamáronse los huertos de cultivo de tabaco.
Para elaborar los cigarros puros, las hojas se someten a un proceso que se denomina devanar; esto es, se les quita las nerva¬duras gruesas quedando las hojas mucho más parejas, flexibles y despojadas de esta parte incómoda y de aroma menos fino.


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